La expresión de Porta fidei que la “fe actúa por el amor”, nos plantea la cuestión del concurso de la inteligencia y de la voluntad, de la intelección y del amar, en el acto de creer. Primero se recurre a la antropología teológica tomasiana del creyente, sustentada en la expresión agustiniana credere est cum assensione cogitare. Luego, se repara en ciertas visiones gnósticas, particularmente formas fetichistas del amor humano, presentes incluso en la cultura contemporánea, que parecen hacer inconciliables el amor humano con la fe y con el acto de creer. Se recurre a Sigmund Freud por su peculiar concepción del fetiche sexual y por su relación con el origen de la religión. Por último, se esboza la doctrina de Tomás sobre el amor humano, en la cual la libre elección de la voluntad puede determinar la adhesión intelectual de la fe, moviendo al entendimiento a creer por su disposición amorosa hacia la bondad del objeto elevado por la gracia.
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