Ante la división de la teología ascética y mística, como dos caminos separados en la vida del creyente, Garrigou Lagrange propuso a comienzos del siglo XX retomar la correcta interpretación del Aquinate y los comentaristas sobre dicha temática. Ésta se resume en la vida de la gracia y de los dones en los grados de iniciados, proficientes y perfectos, es decir, las vías purgativa, iluminativa y perfectiva, de un único camino de santidad.
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