El edadismo en cualquiera de sus formas conlleva consecuencias negativas de todo tipo.
Incorpora sesgos, influye en la forma de entender la vida y de aplicar las normas de comportamiento social, incluyendo aquellas directamente relacionadas con la atención al mayor desde la medicina o desde cualquier otro ámbito. A través del edadismo se atacan principios bioéticos esenciales como los de equidad, beneficencia y autonomía. Sectores muy amplios de nuestra sociedad consideran a la población mayor como un grupo homogéneo, poco racional, necesitado de tutela y al que se responsabiliza de toda suerte de males sociales. De la misma forma cabe interpretar como una discriminación por edad otros muchos aspectos. Entre ellos el tema de las barreras ciudadanas, la tibieza con la que las administraciones arbitran recursos sociales para la población mayor, como demuestra la aplicación llena de problemas de la conocida como Ley de Dependencia. Como punto de partida para cualquier campaña orientada a luchar contra la discriminación por edad debemos asumir que los ancianos desean ser bien atendidos y bien cuidados, tanto en su vida diaria habitual como cuando se enfrentan a problemas de salud. La discriminación por razones de edad atenta contra el derecho, contra la ética (principio de equidad), contra la tradición médica (juramento hipocrático) y contra la evidencia científica.
Ageism in any of its forms has negative consequences of all kinds. It incorporates biases, influences the way of understanding life and of applying the rules of social behaviour, including those directly related to the care of the elderly in medicine or in any other field. Through ageism, essential bioethical principles such as equity, beneficence and autonomy are attacked. Very broad sectors of our society consider the elderly population as a homogeneous group, not very rational, in need of protection and responsible for all kinds of social ills. In the same way, many other aspects can be interpreted as age discrimination. These include the issue of citizen barriers, the lukewarmness with which administrations arbitrate social resources for the elderly population, as demonstrated by the problem-filled implementation of the so-called Dependency Law. As a starting point for any campaign to combat age discrimination, we must assume that the elderly want to be well looked after and well cared for, both in their daily lives and when faced with health problems.
Age discrimination is against the law, against ethics (principle of equity), against medical tradition (Hippocratic oath) and against scientific evidence.
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