Perú
En 1613, con gran visión de la realidad de su tiempo, y también del porvenir, el inca Garcilaso de la Vega (1959, p. 87) afirmó: «todo el Perú es largo y angosto como un cuerpo humano». La sensibilidad geográfica del cronista mestizo no estaba errada. Más allá del centralismo capitalino, el territorio virreinal se percibía como un organismo con miembros, órganos, arterias y articulaciones, y estas eran, sin lugar a duda, las regiones. Se trataba de espacios diversos y variados, cuyas poblaciones interactuaban espontáneamente, a través de circuitos económicos y culturales, y se complementaban para darle vida al reino. Tal fenómeno, que implica la heterogeneidad, se hace visible aún en la etapa republicana, y se puede definir, como «espacios geográficos-mentales variables», organizados sobre vínculos humanos que entretejen todas las características de las sociedades allí asentadas (Aldana Rivera y Pereyra Chávez, 2022, pp. 49-50).
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