Resumen La mala técnica en la toma de presión arterial conlleva a diagnósticos y tratamientos erróneos al mostrar una presión arterial menor o mayor a la real. El objetivo es conocer cómo los profesionales de la salud aplican la técnica dentro de un hospital, y así saber si la presión arterial que reportan es la adecuada al ser comparada con un experto. Material y métodos: Estudio prospectivo, observacional y transversal que evaluó la técnica en el Hospital Ángeles Mocel. Se observaron 101 participantes, incluyendo personal de enfermería, médicos residentes, internos de pregrado y auxiliares de enfermería. Resultados: Las omisiones más frecuentes fueron falta de cuestionamiento por vejiga vacía en 99% y no preguntar si recibió medicamentos simpaticomiméticos en 96%. Únicamente 4% tuvieron técnica aceptable, siguiendo ocho o más pasos de los 12 establecidos. No se identificó diferencia en la calidad de la técnica de acuerdo con el cargo entre médicos o enfermería (p = 0.113). Se obtuvo diferencia significativa en la presión diastólica del grupo de técnica aceptable frente a inadecuada (p = 0.020) y regular contra inadecuada (p = 0.041). Conclusión: Dentro del hospital no se siguen los pasos adecuados en la medición de presión arterial. Dada una mejor técnica, la variación de la diastólica es menor.
Abstract The poor technique in measuring blood pressure leads to misdiagnosis and an incorrect treatment by showing higher or lower blood pressure than the actual. The objective is to understand how health professionals adhere to the technique within a hospital, and verify if the blood pressure reported is adequate when compared to an expert. Material and methods: A prospective, observational, cross-sectional study was performed and the technique was evaluated at the Mocel Ángeles Hospital. 101 participants were observed, including nurses, residents, interns and nursing assistants. Results: The most frequent omissions were not asking about empty bladder (99% of the cases) and not asking whether the patient received sympathomimetic medications in 96%. Only 4% presented an acceptable technique with more than eight of the 12 steps. There was no identified difference in the quality of the technique according to the position between doctors or nurses (p = 0.113). We observed a significant difference in diastolic pressure between the acceptable technique group and the inadequate technique group (p = 0.020) and between regular and inadequate (p = 0.041). Conclusion: Health professionals do not follow the right procedure when measuring blood pressure inside the hospital. Given a better technique, the variation in diastolic is smaller.
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