El fracaso de la sublevación militar en Andalucía, pero el control de las capitales de Sevilla, Córdoba, Cádiz y Granada, marcó el desarrollo de las operaciones en el frente sur. En los primeros meses de la guerra el general Gonzalo Queipo de Llano desarrolló una serie de operaciones militares que tendían a asegurar las comunicaciones entre las principales capitales andaluzas, extendiendo su dominio a través de las carreteras que las conectaban, procurando alejar el frente de estos vitales núcleos de población. Sabía que su principal problema se encontraba en la cuña republicana que se había formado en la provincia de Málaga y que no solo amenazaba con asfixiar la carretera general que unía Sevilla con Granada, sino que también ponía también en peligro al Campo de Gibraltar. La orografía de la región, amurallada detrás de un arco de montañas que la separaban del interior, la convertía en un baluarte difícil de conquistar. Formaba este muro defensivo parte de la cordillera Bética, compuesta de oeste a este por la sierra de Ronda, el Torcal de Antequera, y las sierras de Tejeda, de Cómpeta y de Almijara.
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