El papado de Francisco se destacó por su enfoque ecuménico y social, que generó un acercamiento histórico con el protestantismo. Promovió un «ecumenismo del camino», basado en acciones conjuntas más que en acuerdos doctrinales, y pidió perdón a valdenses y pentecostales por persecuciones pasadas. Su crítica al neoliberalismo y su defensa de los pobres resonaron en iglesias luteranas y metodistas, que vieron en él a un aliado. Aunque persisten diferencias teológicas, su pontificado fortaleció la unidad cristiana desde la diversidad reconciliada.
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