El consumo de alimentos se relaciona con aspectos biológicos de supervivencia, pero también con otros que forman parte de las tradiciones y costumbres que desarrollan los seres humanos. Es así que se ha identificado que las funcionalidades de los alimentos van más allá de un acto fisiológico, y que en ocasiones pueden llegar a reflejar un estatus social, económico y cultural (Sandoval y Camarena, 2015); estas características socioculturales acercan a los alimentos con los determinantes internos del comportamiento del consumidor, llegando incluso a evocar sentimientos y emociones que condicionan las prácticas de consumo, tal como sucede con la nostalgia y añoranza (Menzel Baker y Kennedy, 1994). Al respecto, la cepal (2004) señala que los denominados “productos de nostalgia” se identifican así por los sentimientos que provocan en las personas y porque su demanda emerge en un lugar distinto al de su procedencia.
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