Cuenca, Ecuador
El presente trabajo de investigación busca analizar cuantitativamente la comorbilidad entre síntomas de ansiedad y depresión en una comunidad rural de la ciudad de Guayaquil, con el fin de identificar patrones clínicos relevantes y proponer recomendaciones preventivas. Se evaluó a una muestra intencionada de 40 personas adultas, residentes en un sector, utilizando dos instrumentos psicométricos validados: el Inventario de Ansiedad de Beck (BAI) y el Inventario de Depresión de Beck II (BDI-II). Ambos fueron aplicados en sesiones individuales y confidenciales. Los resultados indicaron que el 67.5% de los participantes presentó niveles moderados de ansiedad y el 60% niveles moderados de depresión. Un 15% mostró sintomatología grave en al menos una de las dos dimensiones evaluadas. El análisis correlacional reveló una relación directa entre los puntajes de ansiedad y depresión, evidenciando un alto nivel de comorbilidad ansioso-depresiva en esta población. Este patrón sugiere que, en comunidades rurales con condiciones psicosociales desfavorables, los síntomas afectivos tienden a coexistir, lo que aumenta la complejidad del abordaje clínico. Las implicaciones del estudio destacan la necesidad de implementar programas comunitarios de detección temprana, intervención psicoeducativa y atención psicológica accesible, que consideren la alta presencia de comorbilidad. Asimismo, se enfatiza la importancia de intervenciones integrales que incluyan estrategias de promoción de la salud mental y reducción del estigma asociado a los trastornos emocionales. Este estudio contribuye al cuerpo de evidencia que respalda el abordaje comunitario en salud mental como una vía eficaz para reducir la carga psicológica no tratada en poblaciones rurales.
This research seeks to quantitatively analyze the comorbidity between anxiety and depression symptoms in a rural community in the city of Guayaquil, in order to identify relevant clinical patterns and propose preventive recommendations. A purposive sample of 40 adults residing in one area was assessed using two validated psychometric instruments: the Beck Anxiety Inventory (BAI) and the Beck Depression Inventory II (BDI-II). Both were administered in individual and confidential sessions. The results indicated that 67.5% of participants presented moderate levels of anxiety and 60% moderate levels of depression. Fifteen percent showed severe symptoms in at least one of the two dimensions assessed. The correlational analysis revealed a direct relationship between anxiety and depression scores, demonstrating a high level of anxiety-depression comorbidity in this population. This pattern suggests that, in rural communities with unfavorable psychosocial conditions, affective symptoms tend to coexist, increasing the complexity of clinical management. The implications of this study highlight the need to implement community-based programs for early detection, psychoeducational intervention, and accessible psychological care, taking into account the high prevalence of comorbidity. It also emphasizes the importance of comprehensive interventions that include strategies to promote mental health and reduce the stigma associated with emotional disorders. This study contributes to the body of evidence supporting community-based mental health care as an effective way to reduce untreated psychological burden in rural populations.
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