Monocultivo y biodiversidad se consideran tradicionalmente conceptos antagonistas, pero hay algunas pautas que se pueden aplicar para cambiar esto. Se puede tener un cultivo principal y facilitar o potenciar la presencia de otras especies vegetales que aporten valores positivos al total de la unidad. Dependiendo del tipo de agrosistema se propone realizar distintos manejos al respecto, desde permitir que una parte o toda la vegetación potencial y espontánea asociada al cultivo se desarrolle, hasta incorporar al sistema especies de interés. En ambos casos, conociendo su función (biodiversidad funcional), que suele estar relacionada con el apoyo a los mecanismos, estructuras y procesos de control biológico de plagas (no sólo insectos, sino también aves, reptiles…) o con otros roles como modificación del clima (cortavientos, sombreo…), cobertura del terreno o aporte de nutrientes. Se exponen algunas experiencias al respecto en tropicales en las islas Canarias, y sus implicaciones agronómicas y administrativas.
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