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Pasado, presente y futuro de la diplomacia china: del «esperar el momento» de Deng Xiaoping a la diplomacia wolf warrior de Xi Jinping

  • Autores: Natalia Varela Rivera
  • Localización: Cuadernos de la Escuela Diplomática, ISSN-e 0464-3755, Nº. 68, 2018 (Ejemplar dedicado a: Selección de Memorias del curso selectivo de funcionarios de la Carrera Diplomática 2019-2020), págs. 477-550
  • Idioma: español
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  • Resumen
    • La diplomacia china ha experimentado una gran evolución desde el fin de la época maoísta y el inicio del periodo de reforma y apertura. Deng Xiaoping sentó los fundamentos de una nueva diplomacia más abierta, defendiendo al mismo tiempo la necesidad de una China con un perfil bajo ante la prioridad de los desafíos internos. Tanto Jiang Zemin como Hu Jintao consolidaron y ampliaron las bases que había establecido Deng, valiéndose de los recursos y el prestigio de una China cada vez más próspera. La era de Xi Jinping ha supuesto un cambio de actitud con el objetivo de dotar a China de una diplomacia de potencia.

      En la actualidad, la diplomacia china se caracteriza por la amplitud de las relaciones bilaterales, la extensión de la red de puestos diplomáticos en el exterior, el renovado interés en el multilateralismo y el auge de la diplomacia pública.

      No obstante, uno de los fenómenos recientes más comentados es el de la llamada diplomacia del lobo guerrero o diplomacia wolf warrior, un estilo que se enmarca dentro del giro más asertivo que ha impuesto Xi Jinping desde el inicio de su gobierno y, especialmente, desde su segundo mandato en 2017. Este giro ha estado protagonizado por una generación de diplomáticos más jóvenes, aficionados al uso de redes sociales y dispuestos a que China tome el control de su propia narrativa. En el contexto de la crisis mundial creada por la pandemia del covid-19, esta actitud ha cobrado más fuerza, haciendo que los diplomáticos wolf warrior se lanzaran a las redes para defender a su país de las críticas. La diplomacia del lobo guerrero responde a una mezcla de factores domésticos e internacionales que empujan a una mayor asertividad. Entre los primeros se encuentran el creciente nacionalismo o las reformas políticas de Xi. En cuanto a los segundos, destaca la percepción de oportunidad geoestratégica advertida por los líderes chinos al variar sus cálculos sobre el poder relativo de China en relación a otros países.

      Sin embargo, este giro a una mayor asertividad no ha quedado sin respuesta, y se aprecia un cambio en las percepciones hacia China entre países afectados y aquellos que creen poder verse afectados en el futuro, así como un acercamiento y fomento de la cooperación entre ellos. Habida cuenta del habitual pragmatismo y flexibilidad de la diplomacia china, la situación más probable en el corto-medio plazo es la de una rectificación parcial de esta situación, sobre todo si se perciben correctamente los problemas que está generando. No obstante, determinados factores internos, como el énfasis de Xi en el nacionalismo, hacen que ciertos aspectos de esta diplomacia vayan a continuar.


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