Desde que Gustavo Gutiérrez propuso en la Iglesia la teología de la liberación (Gutiérrez, 1971), se comprendió que de ella emergía una espiritualidad arraigada en la praxis del Evangelio, donde el pobre se convierte en una opción preferencial. Esta espiritualidad no es una simple ideología política ni un trabajo social, sino una expresión genuina del misterio de la Encarnación en la realidad social de América Latina. Su espiritualidad se basa en el compromiso con los pobres como un eje central del Evangelio y, por lo tanto, su afirmación de una fe cristiana debería traducirse en una acción concreta a favor de la justicia social. Muchos han afirmado que, más que una espiritualidad, se trata de una idea política, o de un simple trabajo social. Nada de eso, la espiritualidad de la liberación tiene un lugar en el misterio de la Encarnación de un evangelio presente en la realidad social de este rincón del mundo.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados