Una primera característica que se me viene a la mente es la enorme sensibilidad que tenía Gustavo a la condición de cada persona, y a su sufrimiento. Creo que ella se revela en esa pregunta que recorre toda su reflexión: ¿cómo decirle al pobre que Dios lo ama?, que Gustavo aborda con valentía y hondura a lo largo de su trabajo teológico y pastoral.
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