Finalmente publicados bajo el título de Los diarios de Emilio Renzi, esos textos registran sucesos personales, bocetos de relatos y anotaciones de carácter crítico y teórico de diversa naturaleza; muy a menudo, esos bocetos y anotaciones encuentran su expresión definitiva en la obra crítica o narrativa de Piglia, al modo de un «laboratorio de escritura» (2006, p. 51). Y la forma que emerge -en la escritura en un primer momento y en la lectura después- resulta del cruce de la experiencia pura con series que superan lo individual: «una serie se podría organizar a partir del cruce de la vida propia y las fuerzas ajenas, digamos externas» (2016, p. 11). La naturaleza de esas series es diversa; en distintos momentos de los prólogos a los Diarios... .- esa exagerada importancia del fatalismo en su noción de destino trágico; en una entrada fechada en 1968, por ejemplo, encontramos la siguiente definición: «Destino. Camino visto en su conjunto en el final, cuando ya es tarde» (2016, p. 72). Sea como fuere, aquí habría que encontrar la explicación de que los Diarios... estén firmados por Emilio Renzi y no por Ricardo Piglia, así como la razón que fundamenta la relevancia estructural que en ellos alcanza la «intersección entre la historia y la vida personal» (2016, p. 10) como manifestación secularizada del destino para el registro narrativo de la experiencia individual (y también, por cierto, el severo juicio con que Piglia evalúa la interesada ingenuidad con que la industria cultural trata la así llamada literatura del yo»).· Pero si la ficción es el procedimiento textual que se encarga de delimitar el flujo amorfo de la experiencia en la estructura formal del «destino», el alcance teórico de esta implicación de la recepción de lo trágico en la ficción va más allá de la escritura sobre la experiencia privada.
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