Mientras la elite política y económica de nuestro país cooperaba intensamente para llevar a la práctica los nefastos planes diseñados por los organismos financieros internacionales, un sector de la dirigencia deportiva local se inclinó con avidez a imitar criterios organizacionales provenientes del exterior. Si bien el cuerpo de los futbolistas se convirtió desde los años sesenta en un campo de pruebas donde experimentar una variada gama de "avances" registrados tanto en la medicina como en la preparación física, con la nueva arremetida de los últimos años el cuerpo del jugador pasó a ser un instrumento en manos de cotizados especialistas esforzados por limar al máximo las pasiones y por modelarlo de acuerdo a los requerimientos de las tendencias predominantes del momento.
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