La tendencia creciente de la colocación de implantes dentarios ha provocado un aumento de la frecuencia de infecciones crónicas de los tejidos que rodean a los implantes. Las infecciones del tejido blando periimplantario se denominan mucositis periimplantarias y, si el proceso infeccioso también abarca al hueso adyacente, reciben el nombre de periimplantitis. Por término medio se identifica una mucositis periimplantaria o una periimplantitis, si es que se llega a diagnosticar, en la mitad de los implantes a lo sumo 5 a 10 años después de la colocación. Los cuadros clínicos de periimplantitis (fig. 1) se presentan preferentemente en personas con mala higiene bucal y/o antecedentes de periodontitis, en fumadores y en pacientes diabéticos. Los procesos inflamatorios periimplantarios constituyen una forma especial de infección, ya que se trata de cuadros infecciosos desencadenados por películas biológicas de gran virulencia. Por regla general, este tipo de infecciones son complicadas de tratar, dado que las películas biológicas se regeneran rápidamente una vez eliminadas, los patógenos se sustraen a la acción de los quimioterápicos y de los mecanismos inmunitarios encapsulándose en este caso en una matriz extracelular. Además, el hecho mismo de la colocación de implantes dentales atenta contra principios inmunológicos fundamentales. Todo ello ha impedido hasta ahora establecer una pauta terapéutica fiable para hacer frente a las periimplantitis.
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