La juventud de José María Escrivá orientó su vida. En 1918, pensó que Dios le llamaba a ser sacerdote diocesano. Durante siete años recibió en los seminarios de Logroño y de Zaragoza la formación humana, espiritual y académica propia de la época. En 1924 comenzó la carrera de Derecho. En marzo de 1925, Escrivá recibió la ordenación sacerdotal y celebró la primera Misa. Las ceremonias tuvieron un sabor agridulce porque, a la alegría por cumplir el sueño de ser sacerdote, se unía el dolor por la reciente muerte de su padre.
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