Josemaría Escrivá de Balaguer se formó como sacerdote principalmente en la archidiócesis de Zaragoza. Allí realizó sus estudios como seminarista, recibió el diaconado, el presbiterado y asumió sus primeros encargos pastorales. La condición sacerdotal le parecía imprescindible para estar más abierto y disponible frente a lo que Dios pudiera pedirle en un futuro. Quizás no desde el punto de vista teórico, pero sí práctico, en Zaragoza tuvo sus primeros conocimientos de cómo se administraba una diócesis y cómo se ejercía la potestad de régimen dentro de la Iglesia. Esa potestad la ejercía en Zaragoza el cardenal Soldevila y su obispo auxiliar Díaz Gómara. Aunque el ejercicio de la función episcopal experimentará un cambio teórico y práctico después del Concilio Vaticano II, la etapa de formación como presbítero de san Josemaría está marcada por el ejemplo de estos dos prelados y sus mismos “cursus honorum” dan una idea de qué se esperaba de un prelado tanto desde el punto de vista de la Santa Sede como de los fieles diocesanos.
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