“Ay del vencido”.
Según la obra de Tito Livio, “Ab Urbe Condita” (V.48), esta expresión fue pronunciada por el jefe galo Breno, que había sitiado y conquistado la ciudad de Roma. Según la tradición, en 390 a.C., tras su victoria, Breno accedió a negociar su retirada de la ciudad mediante el pago de un rescate convenido por ambos combatientes.
Dicho rescate consistiría en un botín de mil libras romanas de oro
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