Las tecnologías y su evolución han sido decisivas para definir el desarrollo de las sociedades y las relaciones entre ellas, tanto de las pacíficas como de las que no lo son.
Su dominio, como es el caso de la IA en nuestros días, es fundamental para prevalecer y mantener la brecha frente a potenciales adversarios. Esta tecnología, llamada a transformar el mundo como lo conocemos al tiempo que hace realidad una nueva revolución industrial, avanza a grandes pasos estimulada por inversiones billonarias de gobiernos y empresas. Su uso en el ámbito militar, o el control del mismo, no coincide en velocidad con el ritmo y aprobación de su reglamentación nacional e internacional.
Encontramos ya casos de IA empleándose en conflictos como los que se libran en Ucrania o en Oriente Medio, como en otros lugares de una manera más silenciosa, mientras las grandes instituciones internacionales como la ONU o la UE, y algunas naciones individualmente, se esfuerzan por crear marcos de actuación que definan y limiten el poder de decisión y actuación de las «máquinas» que pueda afectar a los seres humanos, incluyendo el respeto por sus vidas. Son límites acordados entre humanos para acotar el uso que la IA tiene como arma, una amenaza que, afirman algunos de sus desarrolladores, podría superar al poder nuclear.
Technologies and their evolution have been decisive in defining the development of societies and the relationships between them, both peaceful and non-peaceful. Their mastery, as is the case of AI today, is fundamental to prevail and maintain the advantage over potential adversaries. This technology, called to transform the world as we know it while making a new industrial revolution a reality, is advancing by leaps and bounds, stimulated by billions of dollars in investments by governments and companies. Its use in the military sphere, or the control thereof, does not coincide in speed with the pace and approval of its national and international regulation. We already find cases of AI being used in conflicts such as those in Ukraine or the Middle East, as elsewhere in a more silent way, while large international institutions such as the UN or the EU, and some individual nations, strive to create frameworks that define and limit the power of decision and action of the «machines» that can affect humans, including respect for their lives.
These are limits agreed among humans to limit the use of AI as a weapon, a threat that, some of its developers claim, could surpass nuclear power.
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