Lo que un día se creyó que sería solo cosa del futuro es ya un presente muy real. Un presente que tristemente tiene las manos manchadas de sangre.
Las impresoras 3D han derribado las barreras de acceso a armamento para cualquier ciudadano. Da igual que sea expresidiario, tenga antecedentes, esquizofrenia o sea un grupo paramilitar con varios embargos de la ONU; si tiene una impresora 3D, tiene acceso a un arsenal tan vasto como su imaginación.
La industria casera del armamento ha llegado para quedarse, haciendo realidad un riesgo que hace años parecía ciencia ficción. Ahora es posible obtener armas de fuego sin necesidad de contactar con redes criminales, disfrutando, además, de un anonimato total. Hoy, ese riesgo se ha convertido ya en amenaza; se ha cobrado decenas de vidas a lo largo del mundo y pone en jaque nuestra actual forma de entender la seguridad y el control de armas.
What was once believed to be a thing of the future is now a very real present. A present that, sadly, has its hands stained with blood.
3D printers have broken down the barriers to accessing weapons for any citizen. It doesn’t matter if they are an ex-convict, have a criminal record, suffer from schizophrenia, or are a paramilitary group under several UN sanctions; if they have a 3D printer, they have access to an arsenal as vast as their imagination.
The homemade weapons industry is here to stay, making a once science-fiction risk a reality. It allows the acquisition of firearms without the need to contact criminal networks while enjoying total anonymity. Today, that risk has turned into a full-blown threat. It has claimed dozens of lives around the world and challenges our current understanding of security and arms control.
© 2001-2026 Fundación Dialnet · Todos los derechos reservados