En la historia de las sociedades, en general, se produce una evolución progresiva, que va en paralelo a los avances de la ciencia y en concreto de la Medicina. Quizás haya que plantearse, sin miedo a equívoco, que la Farmacología ha permitido que se viva más y mejor. Si echamos la vista atrás y más los que hemos tenido la suerte de tener muy de cerca una botica de las muy antiguas, en que quizás el bisabuelo era farmacéutico, el de toda la vida, en un pueblo casi perdido de la antes Castilla La Vieja, hacia la segunda mitad del siglo XIX, podemos valorar creo, en mejor medida, los avances que se han producido. Pero, además, si el biznieto en cuestión optó por seguir una tradición familiar de ser boticario, la cosa ya toma otra dimensión, máxime cuando su vocación ha sido de boticario docente universitario y de investigador en Biotecnología. A sabiendas de que estamos ante una realidad farmacológica extraordinariamente novedosa, pareciera que nos movemos en el mundo de la magia y la sorpresa. Porque, los fines terapéuticos que se persiguen en el momento presente, eran hace décadas inimaginables, y menos a través de las técnicas, formas farmacéuticas y procedimientos actuales que son una combinación de la actividad multidisciplinar de muchos especialistas. En este camino que va desde las fórmulas magistrales, de utilidad empírica, hasta las nuevas terapias avanzadas, han nacido áreas que son la combinación de distintos saberes como así es la Farmacobiotecnología. También controlamos, en parte, a la Biología en su “alma” más íntima que es el genoma y somos capaces de crear modelos animales con una determinada patología para estudiar nuevos fármacos. La Farmacobiotecnología ha permitido obtener proteínas terapéuticas recombinantes en el laboratorio; anticuerpos recombinantes mono y biespecíficos para el tratamiento del cáncer y otras enfermedades y, a través de las nuevas terapias, terapia génica y terapia celular, se pueden corregir alteraciones en los genes que dan lugar a muchas enfermedades hereditarias. Pero, en este nuevo mundo de la Farmacología moderna, que será, en gran parte, individualizada, se deberá tener presente la bioética de la sanación, no sea que los nuevos procedimientos —de alto coste— puedan incrementar más la inequidad social.
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