El rol de los estudiantes en los estudios universitarios ha cambiado en los últimos años. Los avances tecnológicos y la globalización exigen una adecuación histórica del papel del estudiante en la formación profesional, donde los programas presenciales han dejado de ser la única opción. Ante tal situación, las instituciones son flexibles con sus procesos administrativos de tal forma que permiten que los estudiantes puedan cursar materias en diferentes campus a nivel local, nacional o internacional, mediante cursos en línea. Por ello, es importante que los planes de estudio sean más flexibles y centrados en el perfil de los nuevos estudiantes. En el mismo sentido, el mercado laboral está exigiendo de los nuevos profesionistas habilidades que les permitan enfrentar los nuevos retos de las grandes compañías (López Fierro et al., 2019). En la Reunión Mundial de Educación, organizada por la UNESCO (2016), se solicitó a los gobiernos que realizaran una mayor inversión en el sector de la educación para formar a los profesores. Esto, con la finalidad de asegurar una educación de calidad. También se mencionó que se debe trabajar con estrategias en la educación ya que es una de las áreas que más impacto y frutos tiene en la incursión hacia las tecnologías para la educación. Es por eso que surgen tendencias que pretenden reposicionar la educación como el elemento que le permitirá al ser humano mejorar la calidad educativa, como lo propone Marc Prensky (2017). Lo anterior invita a pensar en un cambio al paradigma educativos tradicional, que priorice el aprendizaje a través de la resolución de problemas del mundo real, cimentando así la posibilidad de construir nuevos escenarios para un mundo mejor con individuos que construyen su propio aprendizaje.
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