Más allá de la posición de Trump en la posible paz en Ucrania, Europa parece haber tomado ya de manera indiscutible la senda de aumento del presupuesto militar. La Comisión Europea, presidida por la exministra de Defensa alemana Von der Leyen, y que integra la gran coalición formada por la ultraderecha, socialistas y conservadores, ha prometido la movilización de 800.000 millones de euros. “Estamos en una era de rearme y Europa está dispuesta a impulsar masivamente su gasto en Defensa”, dijo a principios de marzo la presidenta de la Comisión, tras la congelación de la ayuda de EEUU a Ucrania decretada por Trump. El nuevo plan, denominado “Rearmar Europa”, plantea romper reglas tradicionales de la Unión, como congelar las reglas de déficit fiscal para autorizar el endeudamiento si es para gasto militar; o la compra mancomunada de material militar, para evitar sobrecargar los precios y las cadenas de suministros; y préstamos por valor de 180.000 millones para estas compras. El objetivo es “la adquisición de sistemas de defensa aérea y antimisiles, los sistemas de artillería, misiles y munición, drones y sistemas antidrones, pero también para abordar otras necesidades, desde el ciberespacio a la movilidad militar”, según aseguraba Von der Leyen. Ante esta espiral incuestionable, cabe preguntarse qué actores se pueden beneficiar de esta carrera.
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