En Chicago, la COVID-19 ha desempolvado fantasmas del pasado: los más afectados por la ola de calor de 1995 fueron los barrios más vulnerables, igual que ha sucedido con el coronavirus. La pandemia también ha demostrado que contar con unas infraestructuras resilientes, a nivel tanto físico como social, puede ayudar a conseguir unos resultados mucho mejores. Mientras las autoridades municipales dudan entre encerrar a la población y adaptarse al reto, los enfoques creativos en materia de infraestructuras pueden traducirse en un Chicago más fuerte ante el desastre.
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