Una nueva hibridación del poder mina cada vez más el multilateralismo y afecta al trabajo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
La aceleración tecnológica ha supuesto nuevas interdependencias globales, pero también nuevas vulnerabilidades: la transformación digital de las sociedades y de las economías coexiste con nuevas brechas digitales, la transformación de los paisajes mediáticos, la multiplicación de los actores políticos y comunicativos, y la proliferación de fuentes de información de dudosa trazabilidad, así como erosiones más profundas de la privacidad y los derechos humanos.
La esfera digital ha transformado sociedades, políticas, retos y amenazas, pero la maquinaria pesada de la arquitectura de la ONU, regida por equilibrios del pasado y luchas de poder tradicionales, tiene dificultades para adaptarse a esta nueva realidad.
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