Prevenir el terrorismo es tan difícil como disparar a un blanco móvil: requiere información fiable sobre la posición actual del objetivo y el lugar al que podría moverse en un futuro cercano. El fracaso de la “guerra global contra el terror” lanzada tras los ataques del 11 de septiembre es un claro ejemplo de ello: las intervenciones de la contrainsurgencia civil y militar lideradas por los Estados Unidos no han acabado con el terrorismo en el “Gran Oriente Medio”.
Dos décadas después, el terrorismo sigue representando una amenaza global: no solo muchos grupos terroristas se han mantenido fuertes, algunos se han extendido de maneras que hacen de la prevención una tarea compleja.
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