Decía de sí mismo que era demasiado literario para los lingüistas, que lo veían como un intruso, y demasiado lingüista para los críticos literarios, que pocas veces llegaron a entenderlo. El pensamiento y la escritura configuran a Roland Barthes. Fue considerado un intelectual, categoría que en el ambiente cultural de la Francia de aquellos años de la primera mitad del siglo XX lo equiparaba a la de filósofo. Aunque él se resumió así: "Docente y anotador".
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