A lo largo de la historia, la medicina ha evolucionado constantemente. De la simple observación de una enfermedad se pasó a anotar los hallazgos clínicos en forma sistemática, con el fin de mejorar el tratamiento y la atención de los pacientes. Durante muchos años, resulto un orgullo para el médico hacer el diagnóstico de una dolencia utilizando solamente las manifestaciones clínicas de sus pacientes, y hasta implicaba un menosprecio a su categoría profesional ayudarse con el laboratorio o los rayos X. Sin, embargo ante los inminentes avances en técnicas diagnósticas y farmacológicas, tanto la clasificación de las enfermedades como los tratamientos concretos empezaron a hacerse de manera más científica
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