En el panorama de la historia de la música y de la literatura existe una laguna notable con respecto a la danza y el baile, muy específicamente en el mundo hispanoamericano. La música y el arte de la danza están ligados al tiempo, al contrario de las artes plásticas que son productos vinculados al espacio. Tienen como propiedad extraordinaria que no existen sino en los actos efímeros, absolutamente creativos, del intérprete. Estos quedan fijos y permanecen estables únicamente en la memoria y en el registro de la tradición oral2. Sin embargo, en el estudio de este arte, ciertos historiadores y musicólogos han sido esclavos de los escritos con desprecio de la inestimable información que proporciona la oralidad3. Por lo que se refiere a la danza, es un error definir el baile suramericano de tiempo ternario, por ejemplo, el pasillo ecuatoriano, el vals venezolano y otros similares del continente iberoamericano, como fenómenos culturales trasladados desde el ámbito vienés, pues ignora el mestizaje ocurrido desde los primeros tiempos de la conquista
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