México
Entre los “héroes desconocidos” de la historia mexicana, acaso el más conocido sea don Guillén Lombardo. Con esta frase Gonzalo Lizardo comienza el prólogo de Cristiano desagravio, un antiguo texto redactado en un oscuro calabozo situado en el Santo Oficio de la ciudad de México. Su autor, Guillén Lombardo, la fecha 1651, su intención, pedir disculpas a los inquisidores por los agravios y difamaciones que él había realizado unos días antes, cuando se fugó.
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