El tema más acuciante de Miguel de Unamuno es la supervivencia tras la muerte. Para él, Dios es el que es Inmortal y quien puede inmortalizar al hombre. Según don Miguel, los cristianos declararon Dios al Hombre Jesús en Nicea con el fin de asegurar la vida perpetua a la humanidad. Esta solución desde la fe cristiana a la principal cuestión humana es tratada por Unamuno en su magna obra filosófica Del sentimiento trágico de la vida. El Unamuno racionalista adopta una postura agnóstica ante el enigma de la muerte. En su poema «El Cristo de Velázquez», en cambio, es el Unamuno de la voluntad inmortalista, el de la «cardíaca», el que intenta acceder a la inmortalidad perpetua. En el Cristo del pintor sevillano descubre Unamuno dos rasgos que superan las ansias de inmortalidad del propio Unamuno: el rostro del Nazareno («el Hombre muerto que no muere») y su cuerpo blanco («solo tu luz lunar… cuenta que vive el Sol»).
The most pressing issue for Miguel de Unamuno is survival after death. For him, God is the one who is immortal and who can immortalize man. According to Unamuno, Christians declared the Man Jesus God in Nicaea in order to ensure perpetual life for humanity. This solution from the Christian faith to the main human question is treated by Unamuno in his great philosophical work "On the Tragic Sense of Life". The rationalist Unamuno adopts an agnostic position in the face of the enigma of death. In his poem «El Cristo de Velázquez», on the other hand, it is the Unamuno of the immortalist will, that of the «heart», who tries to access perpetual immortality. In the Christ of the Sevillian painter Unamuno discovers two features that surpass Unamuno's own desire for immortality: the face of the Nazarene ("the dead Man who does not die") and his white body ("only your moonlight... tells that the Sun lives").
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