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Resumen de Valor de la pelvimetría-RM como predictor del éxito de la prueba de parto tras cesárea anterior por distocia

M. A. Herraiz

  • El porcentaje de cesárea en el primer embarazo se ha incrementado en estos últimos 20 años. Consecuentemente, cada vez son más las gestantes que se enfrentan a la decisión de cómo finalizar su segunda gestación y por tanto el tipo de parto, vaginal o cesárea. Cuál es la opción más razonable a seguir después de una cesárea es una de las preguntas más controvertidas en el momento actual en obstetricia. Incentivar a las gestantes con una cesárea anterior para que intenten un parto vaginal es una estrategia que se ha empleado de forma eficaz para controlar el alarmante aumento en el porcentaje de cesáreas. Sin embargo, varios trabajos retrospectivos publicados en los últimos 5-10 años indican que puede haber un pequeño aumento del riesgo de complicaciones graves, fundamentalmente neonatales, entre las mujeres que optan por la prueba de parto tras cesárea anterior respecto a las que eligen una cesárea de repetición (1, 2, 3, 4). Por su parte, se atribuyen muchos beneficios al parto por vía vaginal después de una cesárea, entre ellos, menores complicaciones en la recuperación tras el parto, menor estancia hospitalaria y menor número de transfusiones sanguíneas, infecciones o lesiones de órganos viscerales, así como beneficios psicológicos para las mujeres que encaran un parto y nacimientos normales. Sin embargo, estos beneficios no son aplicables a las gestantes con cesárea anterior que en un segundo parto llegan a dilatación completa y fracasan en la prueba de parto. De hecho, se ha constatado una mayor morbilidad en los intentos fallidos de parto vaginal en mujeres con cesárea anterior. Por todo ello, es necesario hacer un balance cuidadoso entre riesgos y beneficios.


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