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Bulimia y obesidad

  • Autores: María Calado Otero, Carmen Rodríguez del Toro, Carlos Delgado Calvete
  • Localización: Monografías de psiquiatría, ISSN 0214-4220, Vol. 16, Nº. 2, 2004 (Ejemplar dedicado a: Alteraciones de la imagen corporal : anorexia, vigorexia, bulimia, dismorfofobia y cuadros relacionados / Inmaculada de la Serna de Pedro (dir.)) , págs. 16-24
  • Idioma: español
  • Resumen
    • Introducción El concepto de esquema corporal se desarrolló inicialmente asociado a formas neuropatológicas de experiencia corporal como el miembro fantasma o la anosognosia. En la actualidad el término manejado con más frecuencia es el de imagen corporal y el foco de atención sobre él se encuentra centrado en los trastornos de la alimentación. Bruch1 relaciona la existencia de una insatisfacción con la imagen corporal y una distorsión de ésta como consecuencia de la Anorexia Nerviosa, pero son Garner y Garfinkel2 quienes diferencian en las alteraciones de la imagen corporal entre un nivel cognitivo con un componente afectivo de insatisfacción con el propio cuerpo o con partes de éste y otro componente perceptivo, donde se sobreestima el tamaño del propio cuerpo. Desde entonces el concepto de imagen corporal se ha ido desarrollando a lo largo de los últimos años definiéndose como ¿una experiencia psicológica de la corporalidad constituida por múltiples facetas, especialmente, pero no exclusivamente por la apariencia corporal propia¿3. Engloba auto-percepciones y auto-actitudes relacionadas con el cuerpo, incluyendo creencias, sentimientos y conductas. La insatisfacción corporal y la percepción de uno mismo como gordo junto con otros comportamientos alimentarios (dieta) son características ampliamente prevalentes en las mujeres. Estos síntomas afectan desde mujeres normales sin trastorno alimentario hasta mujeres con trastornos alimentarios. Se podría hablar de un ¿descontento normativo¿4 de las mujeres con sus cuerpos. Atendiendo a los trabajos que se han llevado a cabo en España se ha encontrado que la gran mayoría de las mujeres quieren pesar menos aunque presenten un peso normal5- 9 y que las chicas muestran mayor insatisfacción corporal que los chicos6, 7, 10, 11. Obesidad y bulimia nerviosa muestran una consideración diferente desde el punto de vista de la psiquiatría. Mientras que la primera no se incluye dentro de las clasificaciones psiquiátricas actuales, la segunda aparece claramente ubicada en el apartado de trastornos de alimentación, si bien diversos autores12, 13 defienden la idea de un continuum que se extendería desde la Anorexia Restrictiva pura a la Obesidad sin ataques de Bulimia. Ambos cuadros presentan un elemento intermedio en común que constituye el Trastorno por Atracón14, 15 (incluido en el DSM-IV en el apartado de categorías propuestas, con sus correspondientes criterios diagnósticos) que se presenta en individuos obesos con episodios de atracones pero sin el requerimiento de conductas compensatorias que si aparece en el caso de la bulimia nerviosa. El objetivo de este artículo es realizar una revisión sobre las alteraciones de la imagen corporal registradas en casos de obesidad y bulimia nerviosa. Alteraciones de la imagen corporal en la obesidad La obesidad constituye la forma más frecuente de malnutrición en los países civilizados, condicionando un estado de salud del individuo que influye negativamente en su organismo. Se han manejado diferentes medidas para valorar el grado de nutrición, y en función de ellas varía la definición de un sujeto como obeso. En la actualidad el indicador más ampliamente utilizado es el índice de Quetelet o índice de masa corporal (I.M.C.), que se define como IMC= peso (en Kg.)/talla2 (en m.). De acuerdo con ese índice, se habla de sobrepeso con un IMC entre 25 y 29,9, de obesidad con un IMC>30 y de obesidad mórbida con un IMC>40. Los datos más fiables sobre la prevalencia de obesidad en nuestro país nos los ofrece el estudio SEEDO 9716 realizado con 5388 individuos entre 25 y 60 años que muestra una prevalencia global del 13,4% (11,5% en hombres y 15,3% en mujeres), mientras que la de la obesidad mórbida la sitúa en un 0,5% (0,4% en hombres y 0,75% en mujeres). Además de su frecuencia actual en valores absolutos, hay que tener en cuenta su tendencia a aumentar en los últimos años17. La obesidad se encuentra ausente de las clasificaciones psiquiátricas, pero el aumento de su frecuencia y la gravedad de los problemas que lleva asociados condiciona un abordaje multidisciplinar de la misma, incluyendo de forma relevante sus aspectos psicológicos y psiquiátricos. El obeso vive inmerso en una sociedad en que se prima como ideal de belleza la delgadez, como refleja de forma anecdótica un reciente artículo del BMJ18 en que se recoge la reducción de las medidas de las modelos aparecidas en las páginas centrales de Playboy a lo largo de 49 años.


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