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Cambios en la incidencia y morbi-mortalidad de la fractura osteoporótica de cadera en el área sanitaria macarena en los últimos 20 años

  • Autores: Marta María Rey Rodríguez
  • Directores de la Tesis: María-José Montoya-García (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad de Sevilla ( España ) en 2016
  • Idioma: español
  • Número de páginas: 155
  • Tribunal Calificador de la Tesis: Federico Hawkins Carranza (presid.), María de los Ángeles Vázquez Gámez (secret.), José Manuel Quesada Gómez (voc.), Guillermo Martínez Díaz Guerra (voc.), Miguel Angel Muniain Ezcurra (voc.)
  • Materias:
  • Enlaces
    • Tesis en acceso abierto en: Idus
  • Resumen
    • Introducción: La fractura de cadera constituye la complicación de la osteoporosis más grave y temida, tanto por sus repercusiones a corto, como a largo plazo. Dado que la mayor parte de ellas requieren ingreso hospitalario resultan muy útiles para estudios epidemiológicos. En su mayoría precisan de tratamiento quirúrgico, conllevan una elevada estancia hospitalaria y generan una morbilidad importante, con gran incapacidad funcional como secuela. Además son responsables de una elevada mortalidad intrahospitalaria, así como durante el año siguiente al evento. Por todo ello es considerada la complicación con mayores repercusiones sociosanitarias de la osteoporosis. Fundamento: Se ha observado en ciertos estudios de España y el mundo, un cambio en la tendencia de las tasas de incidencia de este tipo de fractura; pero no en todos ellos los cambios van en la misma dirección. El envejecimiento de la población y los procesos de urbanización de los países en desarrollo, hacían prever un aumento progresivo de estas tasas, pero la disponibilidad de terapias antiosteoporóticas podría afectar en sentido contrario. Desconocemos qué está pasando en la actualidad en nuestro entorno, ya que no hay estudios que analicen esta evolución a lo largo de los años. Conocerlos sería de gran importancia para poder diseñar los programas de prevención y tratamiento, tanto en el proceso agudo, como sus complicaciones y consecuencias; y dirigir nuestros recursos sanitarios de la forma más eficiente posible, que son limitados, en este sentido. Nos hemos planteado como objetivos en este estudio conocer la incidencia actual de la fractura osteoporótica de cadera en nuestro medio y evaluar, con los estudios realizados con anterioridad en nuestra área y con los existentes en otras regiones geográficas, si existe un cambio en la incidencia de esta patología, así como los factores que han podido contribuir a ello. Además, hemos querido describir las características epidemiológicas, así como la morbilidad y mortalidad intrahospitalaria y al año de fractura, junto con la capacidad funcional del paciente tras este episodio. Pacientes y método: Hemos realizado un estudio descriptivo, prospectivo observacional, en el que recogimos todos los casos de fractura osteoporótica del Área Hospitalaria Virgen Macarena, durante un año completo, comprendido entre el 1 de Marzo de 2013 y el 28 de Febrero de 2014. Se incluyeron todos los casos de pacientes = de 50 años, excluyendo todas las fracturas secundarias, obteniendo una muestra de 359 pacientes. Les realizamos una encuesta y entrevista médica para conocer todas las variables recogidas en el estudio. Se calcularon así mismo incidencia, tasas de incidencia brutas y ajustadas por edad y sexo. Hicimos seguimiento telefónico de los pacientes incluidos durante los primeros seis meses del estudio para valoración de la mortalidad al año. Los resultados obtenidos se compararon con los tres estudios de características similares llevados a cabo en el mismo área geográfica en 1988, 1994 y 2006. Resultados: Consideramos un total de 359 fracturas osteoporóticas, estimando una tasa de incidencia global anual de 74.5 x 105 habitantes/año, una tasa en = de 50 años de 228 x 105 habitantes/año, y ajustada por edad y sexo de 313.1 en mujeres y 125 en hombres. Hemos encontrado un aumento del 0.5% / anual respecto al número absoluto de fracturas desde 1988 y un aumento progresivo de las tasas de incidencia globales del 0.8%, que al ajustar por edad y sexo no han sido estadísticamente significativas. La mayor tendencia al incremento en la tasa de fracturas ha ocurrido en los hombres. Hemos encontrado una mayor tasa de incidencia global en el medio rural (94.8 x 105 habitantes/año), respecto al urbano (62.8 x 105 habitantes/año). La edad media global ha sido de 82.4 años, frente a los 79.1 que se encontraron en 1988. La mayoría de las fracturas fueron extracapsulares, se intervinieron en un 95.3% de los casos y la intervención quirúrgica más frecuentemente empleada ha sido la osteosíntesis. El tiempo de demora quirúrgica se redujo significativamente a 5.1 días, así como la estancia hospitalaria a 15.2 días. Dentro de las comorbilidades presentes más frecuentes, constan la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares; en concordancia con el tratamiento farmacológico más utilizado, los antihipertensivos. El 42.8 % de los pacientes habían tenido alguna fractura por fragilidad previa. El 44.2% de los pacientes encuestados estaban en riesgo de malnutrición. El 84.3% de la muestra, presentaban riesgo de fractura de cadera mediante la herramienta de estratificación de riesgo FRAX validada para la población española, sin embargo, sólo el 23.6% se encontraba en riesgo de fractura mayor osteoporótica según su baremo. El 38.9% de los pacientes presentaron algún tipo de complicación intrahospitalaria, siendo la necesidad de transfusión sanguínea la más prevalente, casi en un 20% de los casos. Registramos un descenso de la mortalidad intrahospitalaria, con un 5.8%, siendo superior en el caso de los hombres (9%) que en el de las mujeres (4.8%), y la causa más frecuente ha sido la cardiopatía isquémica. Tras la realización de un análisis multivariante mediante regresión logística binaria, valorando las variables que podían pronosticar la mortalidad intrahospitalaria han sido la edad y la insuficiencia renal al ingreso. Al año de la fractura fallecieron el 27.2% de los fracturados, siendo también superior en hombres (37.8%), que en las mujeres (24%). En el análisis multivariante, las variables que podían explicar la mortalidad al año fueron el IMC, la insuficiencia renal y niveles bajos de proteínas plasmáticas. Conclusiones: Estamos asistiendo a un aumento progresivo tanto del número absoluto de fracturas de cadera (0.5% anual) como de la tasa de incidencia global (0.8% anual) en estos últimos 25 años en nuestra área, muy relacionado con el envejecimiento de la población, pues al ajustar por edad, aunque se sigue apreciando un ascenso del 0.7% al año, no resulta ser estadísticamente significativo. Se fracturan unas 2.5 veces más las mujeres que los hombres, al igual que todos los estudios publicados hasta el momento. Al analizar las tasas por grupos de edad y sexo, se aprecia un ascenso exponencial, fundamentalmente a partir de los 70 años, con un aumento más precoz y acusado en las mujeres, y una elevación brusca en los hombres a edades más extremas. La tendencia al aumento de la tasa de incidencia en más llamativo en los hombres (3.2% al año) que en las mujeres (0.9% anual). Entre las razones que podrían explicar este fenómeno destacan la focalización de las medidas preventivas y el uso de fármacos antiosteoporóticos eficaces en el género femenino, así como un efecto de cohorte de nacimiento en relación con los grupos de edad nacidos a las puertas de la Guerra civil y Postguerra Española. Nos hemos encontrado también con un retardo en la edad media para la fractura en estos 25 años. La herramienta FRAX, aplicada sobre nuestra muestra, resultó ser muy buena predictora de fractura de cadera en estos pacientes. La mortalidad intrahospitalaria también se vio reducida desde 1988, aunque la mayor diferencia ha sido la encontrada en estos últimos 8 años, pudiendo estar en relación con un menor tiempo de demora quirúrgico, una menor estancia media y el desarrollo de los equipos interdisciplinares en el Área de Traumatología entre cirujanos, internistas y enfermería, que previenen y atienden las posibles complicaciones que pueden ocurrir tras el evento o durante la hospitalización. La mortalidad al año de fractura no se ha podido evaluar con estudios anteriores, puesto que no contemplaban este ítem, pero podemos decir que tenemos cifras más bajas que otras muchas zonas geográficas Europeas y del mundo.


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