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Análisis de los determinantes de calidad de sueño en población española. Estudio transversal estratificado por edad y sexo

  • Autores: César Jiménez Vaquero
  • Directores de la Tesis: José Ignacio Recio Rodríguez (dir. tes.), Jesus Gonzalez Sanchez (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad de Salamanca ( España ) en 2026
  • Idioma: español
  • Tribunal Calificador de la Tesis: Vanessa Ibáñez del Valle (presid.), Beatriz María Bermejo Gil (secret.), J. A. Maderuelo Fernández (voc.)
  • Programa de doctorado: Programa de Doctorado en Salud, Discapacidad, Dependencia y Bienestar por la Universidad de A Coruña; la Universidad de León; la Universidad de Murcia y la Universidad de Salamanca
  • Enlaces
    • Tesis en acceso abierto en: TESEO
  • Resumen
    • La Tesis Doctoral titulada “Análisis de los determinantes de calidad de sueño en población española. Estudio transversal estratificado por edad y sexo”, realizada por D. César Jiménez Vaquero, corresponde a un compendio de artículos publicados. Los resultados son un subanálisis del estudio SSQD (Spanish Sleep Quality Determinants), financiado por la Gerencia Regional de Salud de Castilla y León SACYL (GRS 2320/A/21), y registrado en ClinicalTrials.gov (NCT05324267).

      INTRODUCCIÓN La calidad del sueño constituye un constructo multidimensional integrado por aspectos como la duración, la continuidad, la regularidad, el horario, la satisfacción subjetiva y el funcionamiento diurno. Las repercusiones de la privación y/o fragmentación del sueño son severas, relacionándose con un aumento del riesgo cardiometabólico, disfunción inmunológica, deterioro cognitivo y comorbilidad psiquiátrica, además de aumentar el riesgo de muerte. La literatura documenta que los problemas de sueño no pueden entenderse únicamente desde parámetros fisiológicos aislados, sino como el resultado de la interacción entre factores biológicos, psicológicos, clínicos, conductuales y socioeconómicos. Sin embargo, siguen siendo escasos los estudios poblacionales españoles que lo evalúen de forma holística, integrando mediciones objetivas y subjetivas, y que, además, exploren la heterogeneidad interna de la población mediante enfoques basados en perfiles o clústeres.

      OBJETIVOS 1. Evaluar los determinantes de la calidad del sueño en una muestra representativa de población española de 25 a 65 años, integrando indicadores objetivos y subjetivos.

      2. Estimar la prevalencia de mala calidad subjetiva del sueño y describir las diferencias en tiempo total de sueño, eficiencia y fragmentación estratificada, estratificadas por grupos de edad y sexo.

      3. Analizar la asociación entre calidad del sueño y variables de salud mental, estilos de vida, morbilidad y condiciones sociodemográficas.

      4. Estudiar la concordancia entre la calidad subjetiva del sueño y los parámetros actigráficos.

      5. Identificar, mediante análisis de clúster estratificado por sexo, perfiles específicos basados en determinantes relacionados con la calidad del sueño.

      METODOLOGÍA Diseño y ámbito de estudio: Estudio descriptivo, observacional y de corte transversal realizado en las localidades de Salamanca y Ávila.

      Población y Muestra: Muestreo aleatorio estratificado mediante tarjeta sanitaria (SACYL). Muestra total de 500 participantes, estratificados en cinco cohortes de edad (25, 35, 45, 55 y 65 años), con 50 hombres y 50 mujeres por cada estrato. Criterios de inclusión: edad (25, 35, 45, 55 o 65 años en el momento del muestreo), tarjeta sanitaria del SACYL y consentimiento informado firmado. Criterios de exclusión: mujeres embarazadas, pacientes con enfermedad terminal o personas con imposibilidad física/logística para desplazarse al centro de evaluación.

      Tamaño muestral: El cálculo muestral se basó en una puntuación esperada del PSQI de 6,8 ± 3,38, estimándose que 500 sujetos permitían una estimación precisa con IC del 95% y un error máximo de ±0,32 puntos, contemplando además un 15% de pérdidas.

      Variables de estudio:

      • Sueño: evaluación objetiva mediante actigrafía (variables incluidas: total sleep time (TST), time in bed (TIB), sleep efficiency (SE), wake after sleep onset (WASO), número de despertares, duración media de los despertares, movement index (MI), fragmentation index (FI) y sleep fragmentation index (SFI)), y subjetiva a través del Pittsburgh Sleep Quality Index (PSQI).

      • Salud mental: Ansiedad (Generalized Anxiety Disorder-7, GAD-7), depresión (Patient Health Questionnaire-9, PHQ-9) y estrés (List of Threatening Experiences, LTE).

      • Hábitos y estilos de vida: Adherencia a la dieta mediterránea (Mediterranean Diet Adherence Screener, MEDAS) y actividad física mediante actigrafía actividad física mediante actigrafía (movimiento expresado en cuentas por minuto [CPM] y gasto metabólico expresado en equivalentes metabólicos [METs]).

      • Consumo de tóxicos: Alcohol (tipo de bebida y cantidad consumida en los últimos 7 días), hábito tabáquico (test de Fagerström en fumadores activos) y cribado de drogadicción (Drug Abuse Screening Test, DAST-10).

      • Comorbilidad: Charlson Comorbidity Index (CCI).

      • Variables antropométricas y sociodemográficas: edad, sexo biológico, nivel educativo, estado civil, situación laboral y peso y talla referidos.

      RESULTADOS La calidad subjetiva del sueño se encontró significativamente deteriorada en el conjunto de la muestra. La puntuación media global del PSQI fue de 7,1 ± 4,1, con valores significativamente superiores en mujeres respecto a hombres (7,9 ± 4,2 frente a 6,2 ± 3,8; p <0,05). Por grupos de edad, se evidenció un patrón no lineal: el grupo de 45 años presentó las puntuaciones más bajas del PSQI, tanto en hombres (5,4 ± 3,6) como en mujeres (6,4 ± 4,2), mientras que los valores más altos se observaron en los extremos etarios, destacando especialmente la cohorte de 25 años (8,0 ± 4,1). La prevalencia global de mala calidad subjetiva del sueño (PSQI ≥5) fue del 56,6%, también superior en mujeres (62,8%) que en hombres (50,4%; p <0,05). En hombres, la prevalencia más elevada correspondió al grupo de 25 años (64,0%), descendiendo entre los 35 y 55 años (42,0% – 44,0%) y volvió a aumentar a los 65 años (58,0%); en mujeres superó el 60% en todos los grupos salvo en el de 45 años (46,0%).

      Los parámetros objetivos analizados mediante actigrafía mostraron un patrón diferente. La SE fue elevada en todos los grupos, con valores comprendidos entre el 85,4% y el 93,6%. Globalmente, las mujeres presentaron una mayor SE que los hombres (91,3 ± 4,3% frente a 89,9 ± 6,8%; p <0,05), y mejores resultados en las métricas de continuidad y fragmentación. En cuanto a su distribución por edad, el grupo de 55 años presentó el perfil más favorable (SE de 92,9 ± 3,4% y WASO de 25,4 ± 12,4 min), mientras que el grupo de 35 concentró el perfil menos favorable (SE de 87,0 ± 9,5 y WASO de 52,5 ± 18,3 min), a pesar de que el TST fue superior en los grupos de 35 y 45 años y mínimo en el de 55 años.

      En relación con los determinantes, la salud mental emergió como el predictor más robusto de la calidad del sueño. En el análisis de correlaciones parciales, la peor percepción subjetiva del descanso se asoció de forma consistente con mayor sintomatología depresiva (r = 0,488 para PHQ-9) y ansiosa (r = 0,430 para GAD-7), siendo esta relación más sólida para el PSQI que para los parámetros objetivos.

      El análisis de clúster bietápico permitió identificar perfiles diferenciados por sexo. En ambos casos, la edad fue el factor con mayor peso en la configuración de los clústeres (peso relativo=1), seguida del nivel educativo (hombres: 0,9; mujeres: 0,62), la ansiedad (GAD-7: 0,19–0,20), la depresión (PHQ-9: 0,17–0,20) y, en varones, la comorbilidad (Charlson: 0,12).

      En los hombres, se identificaron tres perfiles: un grupo de 35 años con estudios intermedios (secundaria/bachillerato/FP), niveles intermedios de ansiedad y depresión (GAD-7: 1,86; PHQ-9: 2,24) y baja comorbilidad (0,24); un grupo de 65 años, con mayor proporción de estudios universitarios, que presentó los niveles más bajos de ansiedad y depresión (GAD-7: 1,41; PHQ-9: 1,49) y la mayor comorbilidad (0,86); y un grupo de 25 años, con alta formación académica, que mostró las puntuaciones más elevadas de ansiedad y depresión (GAD-7: 4,69; PHQ-9: 5,13) y comorbilidad intermedia (0,30). En relación con los parámetros objetivos del sueño, se observaron diferencias significativas entre clústeres, destacando que el grupo de mayor edad presentó los mejores resultados en SE (91,8 ± 3,8%) y WASO (31,2 ± 15,7 min) y el menor TST (351,7 ± 74,8 min). El PSQI no mostró diferencias significativas entre los clústeres masculinos.

      En las mujeres, también se identificaron tres perfiles: un grupo de 35 años con estudios intermedios que presentó las mayores puntuaciones de ansiedad y depresión (GAD-7: 6,74; PHQ- 9: 7,17); un grupo de 45 años con estudios universitarios y niveles intermedios (GAD-7: 3,80; PHQ-9: 3,51); y un grupo de 55 años con menor sintomatología ansioso-depresiva (GAD-7: 2,04; PHQ-9: 2,19). En este caso, las diferencias en los parámetros de sueño fueron más marcadas, observándose que el grupo de mayor edad presentó los mejores resultados en eficiencia, continuidad y fragmentación (destacando SE de 93,6 ± 2,8% y WASO de 23,8 ± 11,1 min), mientras que los peores resultados correspondieron al grupo más joven (SE: 89,5 ± 3,9%; WASO 44,4 ± 16,9). Además, se observaron diferencias en la calidad subjetiva del sueño, con mejores puntuaciones en el grupo de 45 años (PSQI: 6,8 ± 3,9) y peores en el grupo más joven (9,4 ± 4,4).

      CONCLUSIONES 1. La calidad del sueño autorreportada evidenció una elevada prevalencia de mala calidad subjetiva, con un PSQI medio de 7,1 ± 4,1 y valores ≥5 en todos los grupos de edad, especialmente en adultos jóvenes. Las mujeres refirieron peor calidad subjetiva del sueño que los hombres en todos los tramos etarios.

      2. Los registros actigráficos mostraron, en términos globales, una SE elevada (>85%) en todos los grupos de edad, aunque con diferencias relevantes en continuidad y fragmentación. Las mujeres presentaron una mayor SE, menor WASO y un menor número de despertares en varios grupos etarios. Los patrones de sueño más fragmentados se concentraron en los grupos de 25 y 35 años, mientras que el grupo de 55 años mostró un sueño más consolidado, aunque con un menor TST.

      3. Las puntuaciones del PSQI se asociaron principalmente con la sintomatología ansioso-depresiva y, en menor medida, con la presencia de acontecimientos vitales adversos y multimorbilidad. Los estilos de vida y las variables socioeconómicas mostraron asociaciones adicionales con la calidad y la estabilidad del sueño, aunque de menor magnitud.

      4. La concordancia entre las medidas subjetivas y objetivas del sueño fue parcial. Destaca que las mujeres, pese a informar de una peor calidad subjetiva del sueño, presentaron mejores resultados objetivos en continuidad y eficiencia. En relación con la edad, el PSQI mostró un patrón diferenciado, con mejores valores en la mediana edad y peor percepción del sueño en los grupos más jóvenes y en edades avanzadas. Por el contrario, los parámetros actigráficos no evidenciaron un deterioro progresivo con la edad y mostraron un sueño más consolidado en los grupos de mayor edad.

      5. El análisis de clústeres estratificado por sexo permitió identificar tres perfiles diferenciados en hombres y en mujeres, en los que la edad y el nivel educativo emergieron como los principales predictores, seguidos de la sintomatología ansioso-depresiva y, en el caso de los hombres, la comorbilidad. Los clústeres que agruparon a adultos jóvenes y a mujeres con mayor carga emocional concentraron los patrones de sueño más desfavorables, mientras que los grupos de mayor edad mostraron un sueño más consolidado, pese a presentar una mayor carga de enfermedad.


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