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Representaciones sociales de género un estudio psicosocial acerca de lo masculino y lo femenino

  • Autores: Teresa Cristina Bruel dos Santos
  • Directores de la Tesis: Amalio Blanco Abarca (dir. tes.), Julia Sebastián Herranz (dir. tes.)
  • Lectura: En la Universidad Autónoma de Madrid ( España ) en 2009
  • Idioma: español
  • Tribunal Calificador de la Tesis: Ana García-Mina Freire (presid.), Jorge Santiago López Martínez (secret.), Bárbara Scandroglio (voc.), Ana de Miguel Álvarez (voc.), Carmen García Colmenares (voc.)
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  • Resumen
    • El tema de las Representaciones Sociales1 nos sitúa en la necesidad de conocer los procesos sociales de construcción de la realidad y la manera cómo el conocimiento se construye en ellas. Las RS suprimen la distancia entre los actores sociales y el mundo a través de la creación de sentido, de la comprensión de lo que es desconocido, domesticando el mundo-objeto y tornándolo conocido.

      En toda representación y en todo conocimiento subyace un deseo de aprehender, de comprender, de abarcar la no-familiaridad del mundo.

      Como instrumentos de conocimiento y comunicación, las RS construyen self y realidad adecuados que nos posibilitan desarrollar tanto una identidad personal cómo el ambiente social en que vivimos.

      En ese sentido, se podría decir que las RS son una manera de interpretar y de pensar nuestra realidad cotidiana, una forma de conocimiento social (Jovchelovitch, 2007).

      Las RS circulan, se cruzan y se cristalizan sin cesar en nuestro universo cotidiano trayendo consigo la identidad, la cultura y la historia de un grupo de personas, forma en la que los sujetos aprehenden los acontecimientos de la vida diaria, las características del medio ambiente, las informaciones, el conocimiento del ¿sentido común¿ (Moscovici, 1981). Este conocimiento se constituye a partir de la experiencia, pero también de las informaciones y conocimientos que se trasmiten a través de la educación y de la comunicación social. Los procesos de comunicación social juegan un papel elemental en la construcción de un universo consensuado, pues nos remiten al ámbito de las relaciones de influencia y de pertenencia social, determinante en la creación de las representaciones.

      La importancia del estudio de las RS de género radica en hacer visible las creencias, los valores, los supuestos ideológicos que establecen, con base en las diferencias biológicas, la adscripción diferenciada de características y roles sociales que sitúan a hombres y mujeres en posiciones distintas. El concepto ¿género¿ pone de manifiesto la relación desigual entre mujeres y hombres en cuanto sujetos sociales.

      La definición social de hombre y mujer, como la definición social de los patrones de comportamiento, considerados propios a cada uno, no se limita a establecer una diferenciación binaria entre esas categorías sociales sino que establece, también, una diferencia asimétrica entre ellas. Los estudios de género revelan, pues, la relación desigual entre hombres y mujeres, existente y evidente en el terreno social. Dicha desigualdad es debida a una construcción social de los géneros (roles) diferenciados y valorados según el sexo de las personas, construcciones que se erigen en prescripciones sociales con las cuales se intenta regular la convivencia.

      Pese a que se ha hecho más visible el debate social sobre las consecuencias de la convivencia desigual entre hombres y mujeres, creemos que el problema dista mucho de estar resuelto y que todavía queda mucho camino por recorrer. La diferencia entre los géneros es una brutal expresión de un sistema basado en el poder de dominación (desigualdad, opresión, discriminación). Tradicionalmente fue considerado un sistema que alejaba a la mujer del proceso de producción y la sometía a un exclusivo papel de reproducción dentro del marco familiar. De ahí que la división del trabajo haya confinado a la mujer durante siglos en el hogar y, para justificarlo, el capitalismo y los organismos religiosos levantaron un gran entramado ideológico que potenciaba la idea de que la mujer era inferior al hombre.

      A pesar de que la discusión acerca de la desigualdad de género no es un fenómeno nuevo, su reconocimiento y visibilidad en el Cultura. Instituto de la Mujer - Centro Feminista de Estudios y Documentación.

      ámbito público forman parte de un debate reciente que lo convierte en problema social. Los problemas sociales son, por definición, cuestiones públicas y no cuestiones personales o privadas y, por tanto, deben ser abordados por los más diversos sectores de la sociedad. Henri Tajfel, el psicólogo social europeo más influyente en la segunda mitad del pasado siglo, lo había descrito con sencillez: los problemas sociales no tienen un origen psicológico, de suerte que ¿el ataque de una sola persona a un grupo étnico minoritario por el que siente aversión o al que teme seguiría siendo un caso trivial si no fuera por el hecho de que actúa al unísono con otros que comparten sus sentimientos¿ (Tafjel, 1984, p.54). Si cambiamos el marco de referencia de la discriminación étnica a la desigualdad de género, la reflexión de Tajfel resulta más que convincente.

      En este debate lo que pretendemos es abordar la desigualdad de género bajo una mirada psicosocial e integradora, y considerarla como un problema social que afecta a la población en general y, en particular, a las mujeres.

      La desigualdad entre hombres y mujeres es el origen de la violencia de género, dicho de otro modo, ¿la violencia de género es la violencia que puede padecer cualquier mujer por el mero hecho de serlo¿ (Sanmartín, 2002a, p. 16). Esta definición demuestra que la violencia de género se instala dentro de una lógica intergrupal cuando es ejercida en contra de una persona, en tanto que ésta pertenece a la categoría social de mujer. Dichos procesos se desarrollan de acuerdo con un modelo de transmisión de valores que determina y mantiene un orden hegemónico que se propaga a través de la historia.

      Como herencia de esa desigualdad histórica, se puede decir que ciertas actitudes y comportamientos que priman por el predominio de un sexo sobre el otro han sido tradicionalmente justificados y adaptados en los procesos de socialización en las más variadas culturas, obstaculizando el desarrollo de un sistema de valores igualitarios entre ambos sexos (Lorente Acosta, 2001a; Amorós, 1999).

      Así, entendemos que la triangulación: a) representaciones sociales acerca de lo femenino y lo masculino, b) roles atribuidos a los sexos y los c) estereotipos sexistas, juega un papel clave a la hora de formar universos de opinión, creencias y actitudes compartidas que justifican y fijan las relaciones desiguales entre varones y mujeres. Por lo que atañe al tema que nos ocupa, las RS pueden ser entendidas como un sistema interpretativo para los miembros de un determinado grupo, un sistema que induce procesos de clasificación social (Pérez, Moscovici y Chulvi, 2002). Dichos procesos son determinantes a la hora de delimitar creencias compartidas, imágenes, sentimientos y comportamientos adecuados.

      El principal motivo que nos lleva a realizar la presente investigación es la necesidad de conocer las percepciones, creencias y RS de los y las adolescentes acerca de las diferencias de género. En definitiva, creemos que las RS de un grupo son clave para entender la estructura y el contenido sobre diferentes objetos, reconocidos socialmente. Considerando que las RS incluyen visiones estereotípicas acerca de dichos objetos, esperamos que este estudio nos permita poner de relieve el conjunto de principios organizadores y posiciones tanto individuales como grupales, relacionadas con el saber común, sobre las diferencias entre los géneros y su vinculación con una relación desigual entre ambos sexos.

      Comprender las relaciones desiguales entre hombres y mujeres implica observar lo que es socialmente construido respecto a éstos. A través de un estudio exploratorio-descriptivo, lo que buscamos es identificar las RS de los y las adolescentes acerca de las diferencias de género, como categorías que nos posibiliten entender y explicar algunos de los componentes fundamentales de la desigualdad entre varones y mujeres, entramada en el sistema social.

      Al optar por una muestra compuesta por adolescentes, partimos del supuesto de que ésta es una parcela social (un grupo), que representa una etapa vital definida por el tránsito de la identidad social del niño y de la niña a la edad adulta. Este es un período de experimentación e incorporación de normas y valores provenientes de un arraigado convivir social y grupal donde, progresivamente, los valores normativos van fijando estereotipos, roles, creencias y RS cuya función es la elaboración de los comportamientos y la comunicación entre los individuos (Moscovici, 1979).

      Explorar las RS de género arraigadas en prácticas sociales es el hilo que dará forma al tejido argumental de esta investigación.

      Además, el hecho de analizar las creencias, la forma como los grupos conciben la realidad, las concepciones que tienen respecto de un determinado tema, nos permitirán traer a luz los procesos de significación y sus implicaciones, y nos ayudará a comprender cómo los sujetos se apropian de algunos conceptos y les dan sentido.

      Las RS constituyen el mundo tal y como es conocido y las identidades que ellas sostienen garantizan al sujeto un determinado lugar en éste. Las RS establecen un orden que posibilita a las personas obtener una orientación en su mundo concreto y social y, a partir de ahí, organizarlo (Moscovici, 1973). A través de un análisis pormenorizado de las RS podemos entender las construcciones que están insertadas en la estructura social y que interfieren de lleno en las prácticas que rigen la realidad.

      En ese sentido, realizamos un estudio exploratorio acerca de las RS de género y sus implicaciones en la desigualdad entre varones y mujeres. Consideramos que esa es una tarea necesaria y emergente, no sólo como forma de fomentar una mayor concienciación y compromiso social frente a dicho fenómeno, sino como una herramienta útil a la hora de plantear un quehacer futuro en términos de prevención e intervención, sobre todo en el terreno de las políticas de igualdad de oportunidades3 y de una coeducación teñida con la perspectiva de género.


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