También relacionado con el placer sexual, con la pasión erótica y con el amor carnal, el homo sylvestris era un ser natural distinto de los demonios, espíritus malignos que encarnaban el mal, que se valían de todo tipo de tretas para apoderarse de los seres humanos. Pero el gaucho era también ?un criollo o mestizo ecuestre? (Fontanet 2009), una mutación del homo sylvestris, un navegante nómada que, comparable al vaquero norteamericano, al bandolero español, o al bandido mexicano, se integró a las gestas libertarias de las primeras décadas del siglo xix, y estuvo presente en la campaña del desierto que, asesinando a indígenas, tuvo el dudoso honor de ayudar a construir, en la segunda mitad del siglo, el Estado nacional. Observo, sin embargo, que empeñado en transmutar al sujeto exótico domesticado en un ?noble salvaje?, es decir, en aymara redimido, puro, aunque, como dije antes, potencialmente salvaje, el afán subjetivizador de Tamayo necesitó sacar al indio de su existencia marginal, reconstruyéndolo, y admitiendo, como lo hizo Rousseau en su tiempo, que el salvaje no era otro que uno mismo. De este modo, el cholaje letrado, que canalizó la comunicación entre los indios analfabetos y las ideas de izquierda, fue también el sector social que mayor importancia tuvo en la destrucción del poder político liberal.
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