En la segunda mitad del siglo XIV, los documentos latinos y hebreos develan flujos de coraleros y de médicos judíos entre Provenza, Cerdeña y Cataluña, como Mordacays Joseph, Bonjuson Bondavin o incluso Maymon Ferrier. Ahora bien, estos judíos que parten a trabajar en otras comunidades no parecen conocer ni las angustias del desarraigo ni las de la alteridad y esto, no por las razones clásicamente propuestas en el marco de la diáspora, por tanto no gracias a la solidaridad comunitaria. El ejemplo de la empresa de coral a escala en el Mediterráneo occidental devela más bien un enclave complejo, en el cual las fronteras culturales entre los aliados económicos judíos y cristianos no son determinantes.
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