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Resumen de La huerta de Cabra

Bartolomé Valle Buenestado

  • español

    La Huerta de Cabra es un referente ineludible de los paisajes y regadíos tradicionales del interior de la España meridional. Situadas en el contacto entre la campiña y la Subbética cordobesa, deben su existencia al importante caudal que brota de la surgencia kárstica (Fuente del Río) que permite el riego del piedemonte (Huertas Altas) y, aguas abajo, de la terraza aluvial del río Cabra (Huertas Bajas).

    De origen inmemorial aunque tuvieron gran esplendor en época árabe, se consolidaron en el siglo XVI. Desde entonces conformaron un vergel de geométricas explotaciones minifundistas y rico y variado policultivo, que abastecía de frutas y verduras a un amplio entorno, siendo su ameno paisaje glosado en la literatura y en la percepción de propios y extraños.

    La orientación productivista de los años sesenta del siglo XX las encauzó hacia la transformación e intensificación de las prácticas agrícolas, llegando a alcanzar su zénit de ingresos y rendimientos. Pero pronto acusaron la incapacidad para competir y adaptarse a los nuevos mercados, de ahí que en las últimas décadas hayan entrado en una dinámica que las hacen casi irreconocibles con respecto al pasado cercano. Las Huertas Altas han sido presa de una urbanización poco controlada, y las Huertas Bajas objeto del abandono y cautivas del monocultivo. La pérdida del patrimonio que ello ha supuesto es dolorosa e irreparable, y ambas son hoy un paisaje roto: las Huertas Altas por la pérdida del suelo rústico a favor de la ocupación urbana y las Huertas Bajas por la pérdida de su función de auténticas huertas.

    En los últimos años ha aumentado la percepción de los valores culturales de la Huerta y la consideración como patrimonio; han surgido iniciativas a favor de la conservación y desde una perspectiva agro-ecológica se propugna el regreso a la tradición como factor de innovación y de aprovechamiento económico

  • English

    Inland in southern Spain, there is no better example of traditional irrigation and landscapes than Cabra’s market gardens. Standing on the strip where the Subbetica range and flatlands merge, they owe their existence to the flow of water from the emergence of Karst aquifers (Fuente del Rio), that provide irrigation for the Higher Gardens in the foothills (Huertas Altas) and downstream, for the Lower Gardens on the river Cabra’s fluvial terrace (Huertas Bajas).

    With age-old origins, they enjoyed great splendour in Arab times, but were really consolidated in the XX century. Since then they have displayed a geometrical landscape chequered by smallholdings with rich and varied mixed farming, supplying fruit and vegetables to the wide area surrounding this pleasant countryside, reflected in literature and perceived by all and sundry.

    The twentieth century’s urge for productivity led them to convert and intensify agricultural practice in the sixties, reaching maximum heights of yield and income. But they soon fell victims of their inability to compete with and adapt to new markets, leading them to descend in recent decades to the kind of activity that seems inconceivable in view of their fairly recent past. The Higher Gardens have been prey to building with no urban regulation, and the Lower Gardens subject to abandon and victims of monoculture. The resulting patrimonial loss is at the same time distressing and irreparable, giving rise to today’s broken landscape: the Higher Gardens through the loss of arable land in favour of urban development and the Lower Gardens through the disappearance of their working as proper smallholdings.

    In recent years, the awareness of cultural values of market gardens and its considerations as heritage have increased. There have been initiatives for conservation and from an agro-ecological perspective the return to tradition as a factor of innovation and economic use is advocated.


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