Asturias ofrece a fines de la Edad del Bronce abundantes productos metálicos, dada su riqueza en cobre. La producción de hachas plomadas denota contactos con áreas atlánticas y su frecuencia sugiere una producción ritual, confirmada por los calderos enterrados en minas, posteriormente, por creaciones como la diadema de Oscos. Tras el siglo VI a.C., sigue un período oscuro hasta los siglos II-I a.C., cuando aparecen poblados fortificados en las áreas bajas con buenos suelos agrícolas del centro-oriente, donde, a partir de la era, aparecen los asentamientos romanos.-- Cantabria, sin recursos metalúrgicos, parece marginal durante el Bronce Final. En la Edad del Hierro sólo se conocen escasas hachas de talón, algunas cerámicas poco significativas y algunos análisis polínicos, existiendo un vacío documental hasta los siglos II-I a.C., en que aparecen los cántabros históricos.
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