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Programación infantil: entre la educación y el entretenimiento

  • Autores: Cristina González Díaz
  • Localización: Comunicar: Revista científica iberoamericana de comunicación y educación, ISSN 1134-3478, Nº 25, 2, 2005 (Ejemplar dedicado a: Televisión de calidad: Congreso Hispanoluso de Comunicación y Educación. Huelva. 2005 (CD-Rom))
  • Idioma: español
  • Títulos paralelos:
    • Children´s programming: between education and entertainment
  • Enlaces
  • Resumen
    • La mayoría de los debates acontecidos hasta el momento radican sobre el papel formativo de la televisión, de los cuales ésta no sale muy bien parada: criticada por la cantidad de programas dirigidos al target infantil, sobre todo dibujos animados, cargados con un alto contenido de violencia. Pero hasta el momento poco o nada se ha cuestionado la verdadera vocación con la que nació la televisión: su vocación lúdica o de entretenimiento; por alguna razón, el target infantil mira la televisión en su tiempo de ocio, como un medio de diversión y entretenimiento, aunque todos sabemos que para bien o para mal, la televisión es mucho más.

      El planteamiento sobre el que versa esta comunicación radica en una premisa realizada por François Mariet, donde comenta la idea de que al igual que no se va a la escuela para divertirse, tampoco se mira la tele para instruirse, pero uno cosa no excluye a la otra, puesto que todo niño puede divertirse en la escuela e instruirse mirando la tele; de hecho esta debe ser la finalidad con la que se construya el medio televisión como un medio formador y de entretenimiento.

      Se considera interesante no sólo abordar el valor formativo de la televisión, asignatura que todavía no ha conseguido aprobar, puesto que valores como el egoísmo, beneficio inmediato, poca necesidad de esfuerzo, primacía del bien individual frente al colectivo, abuso de violencia� se suceden a lo largo de la parrilla televisiva; sino también cuestionar el nivel de entretenimiento que esos programas suscitan en el público más joven. Tarea ardua donde las haya, ya que, en contra de los que temen la omnipotencia de la televisión, los productores saben muy bien que es imposible mantener en antena un programa para niños que éstos no deseen ver, y no es nada fácil agradar a un niño: público caracterizado por su alto nivel de exigencia e infidelidad ante la pantalla.

      Es necesario conciliar educación y entretenimiento en la parrilla de programación infantil; porque no podemos permanecer ciegos a los efectos, indudablemente educadores que la televisión tiene; lo primero se cuestiona e investiga pero: ¿qué hay del segundo concepto: el entretenimiento? No se debe olvidar que un programa infantil puede ser dramático o no, diseñado para educar o no, pero el objetivo principal es que tiene que ser percibido como divertido por el público infantil.

      Actualmente se asiste a una parrilla infantil donde con series como YU GI OH!, MEDABOTS o PINGU, ni siquiera se dan los parámetros mínimos de entretenimiento necesarios para que el público al que va dirigido pueda «disfrutar» de su tiempo de ocio. Los estándares australianos para televisión infantil (CTS) ratifican que un programa infantil entretenido de calidad debe contar una buena historia, ser impredecible, tener un ritmo apropiado al estilo de la historia contada y poseer un estilo visual moderno. Pues bien, ya sea por la débil linealidad causa-efecto argumentativa, bien por la simplicidad de los contenidos expuestos, o bien por la escasa calidad audiovisual que los constituye, el entretenimiento suscitado por estos programas y otros muchos no mencionados es mínimo. Desde la Universidad de Alicante, se está inmerso en un Proyecto de Investigación, donde se analizan la calidad de los contenidos programáticos y publicitarios dirigidos al target infantil, y dentro de los parámetros de calidad se encuentra el entretenimiento suscitado, el cual, sin adelantar resultados no se encuentra en muy buen momento.

      La televisión de calidad debe enseñar, complementando que nunca sustituyendo la labor realizada por la escuela, pero esa enseñanza debe estar impregnada en un contexto lúdico y de entretenimiento tal y como sucedió en su día con BARRIO SÉSAMO y está ocurriendo, aunque en menor medida con «Los Lunnies, Twenies, El nuevo mundo de los gnomos» sucede, por lo tanto es posible, sólo es necesario el esfuerzo de todos.


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