Los frescos de la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo se exponen desde 1950 en el Museo del Prado. Estrechamente vinculados con los de San Baudelio de Berlanga, son una de las obras maestras de la pintura románica en Castilla. Su iconografía ha sido interpretada habitualmente como una representación de la Jerusalén apocalíptica. En este artículo se defiende la inclusión de esa representación escatológica dentro de un programa que pretende plasmar la esencia de la misa, entendida, desde la teología de la Recapitulatio, como compendio de toda la historia.
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