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Alteración de la percepción de la imagen corporal en el deporte

  • Autores: E. Heras Gómez, Nieves Palacios Gil-Antuñano, Lucía Sainz Fernández
  • Localización: Monografías de psiquiatría, ISSN 0214-4220, Vol. 16, Nº. 2, 2004 (Ejemplar dedicado a: Alteraciones de la imagen corporal : anorexia, vigorexia, bulimia, dismorfofobia y cuadros relacionados / Inmaculada de la Serna de Pedro (dir.)) , págs. 32-40
  • Resumen
    • Introducción La alteración de la percepción de la imagen corporal puede dar lugar a un amplio espectro de desordenes en la conducta alimentaria dañinos para la salud, encaminados a perder peso y conseguir una apariencia más delgada. Dentro de estos desordenes, la anorexia y la bulimia nerviosas son las entidades diagnósticas más importantes y mejor delimitadas, pero existen otros trastornos del comportamiento más leves, o menos específicos, que afectan a un porcentaje elevado de individuos (especialmente del sexo femenino) y que se ponen de relieve por la existencia de una preocupación excesiva por el control del peso y una distorsión en la percepción de la imagen corporal1,2. En las últimas décadas se han producido dos hechos que han coincidido en el tiempo: ¿ Un aumento en el número de mujeres que realizan actividad física intensa y deporte de competición. ¿ Un incremento en la incidencia de alteraciones del comportamiento alimentario. Ambos puntos tienen nexos en común, compartiendo la preocupación por el peso, y la realización de dietas específicas y de ejercicio físico intenso, por lo que no resulta sorprendente que se haya empezado a discutir la posible relación entre ambos. Imagen corporal y ejercicio físico Los deportistas constituyen una población especial en lo que se refiere a la alteración en la percepción de su imagen corporal. Diversos estudios3,4,5 han mostrado que pueden presentar un mayor riesgo para el desarrollo de trastornos en la conducta alimentaria debido al propio ambiente deportivo, que llega no solo a precipitar este tipo de desorden en una persona predispuesta (o exacerbar algún síntoma ya existente) sino que incluso lo legitima. Para Sundgot-Borgen6 los indicios y signos de estas alteraciones en los deportistas de elite de algunas disciplinas determinadas a menudo son ignorados y llegan a ser considerados como algo natural. El énfasis en la consecución de un cuerpo libre de grasa y la aceptación de la necesidad de realizar un ejercicio físico excesivo en el mundo del deporte de alta competición, pueden hacer que un desorden de la alimentación ya presente sea más difícil de diagnosticar y consecuentemente de tratar7. Por otra parte, las alteraciones en el comportamiento alimentario pueden perjudicar el rendimiento deportivo y aumentar el riesgo de lesiones. La reducción de la ingesta calórica unida al desequilibrio hidroelectrolítico que ocurre en muchos casos, van a producir tanto una disminución de la fuerza, como de la resistencia, velocidad, tiempo de reacción y nivel de concentración del deportista. Durante algún tiempo puede no manifestarse un descenso en el rendimiento, debido a la capacidad inicial de adaptación del organismo a estos cambios, y los deportistas creen, equivocadamente, que estas práctica son inofensivas. La restricción en la ingesta calórica y las conductas purgativas también pueden dar lugar a alteraciones psicológicas, desarreglos menstruales, y pérdida de hueso (tríada de la mujer deportista), y otras complicaciones médicas que incluyen cambios en los sistemas endocrino, gastrointestinal, cardiovascular y termorregulador, siendo algunas de estas alteraciones potencialmente mortales.


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